
El corazón y sus figuraciones
Germán Dehesa
25 Ago. 10
Creo que no les he contado que estoy enfermo, seriamente enfermo. Tengo cáncer, pero hasta ahora la enfermedad no me ha producido ningún dolor insoportable. Trato de vivir sobre las puntitas de los pies, pues en mis delirios imagino que si casi no hago ruido la enfermedad no se va a percatar de mi presencia y me permita colarme a la vida, que es a donde me gusta estar.
Como quien dice mi vida es casi secreta y su único nuevo rasgo que yo detecto es la impaciencia. Así pues, no tiene ningún sentido que me saluden de lejecitos, ni que me saquen la vuelta, ni ninguna patochada de ésas. Nadie tiene idea de cuándo será la terminación cronológica de mi vida, pero calcula la ciencia médica que esto ocurrirá hacia los finales de este año. Espero distribuir generosamente entre el personal médico billetes de muy alta denominación, de modo que este plazo se vaya ampliando, por lo menos, hasta el 2020. Si se puede obtener más, ahí lo dejo en manos del Gobierno. Tengo mucha confianza en que nuestra burocracia acuse recibo de la solicitud en el 2018, lo cual nos da margen para seguir resollando.
Lo que desde ahora les puedo asegurar es que, mientras pueda yo menear la pluma y no comience a decir puros despropósitos y mariguanadas, aquí me tendrán siempre a sus canijas órdenes y a sus pies, si no les rugen, como solía decir la inmortal Borola Tacuche de Burrón.
Me molesta casi tanto como a ustedes este tipo de artículos donde tengo que ponerle luto a mis palabras y no sacarlas a pasear para que se asoleen, que es lo que a mí más me gusta; pero dibodobadito, tarde o temprano los médicos logran llevarte a sus terrenos y ahí es la de no te entumas y no le saques, manito. Por esas latitudes transito yo en la actualidad. Me entusiasma saber que, gracias al talento de sus madres, mis hijos son gente de bien, con buena orientación en la vida y totalmente a la guapachosa altura de su herencia veracruzana. Todos son estudiosos, trabajadores y con magnífica inteligencia, que donde primero y mejor se muestra es en el buen humor que los cuatro manifiestan, caiga quien caiga.
No me estoy despidiendo. Yo espero que falte mucho como para que ocurra algo tan ingrato. Como en el teatro, esto es apenas la primera llamada, primera. Ya sé cómo se las gastan los lectores de por aquí y no me sorprendería que, a la vuelta de unos días, me tope con gente que diga que el mero día del Bicentenario me voy a suicidar en el Zócalo gritando leperadas en contra de un gobierno y de un sistema que premia cada vez más a la idiotez y no suele ser justo con la inteligencia.
No, yo no voy a hacer nada de eso para celebrar o denostar a este sistema del que, por lo demás soy miembro activo y no quiero jamás dar la impresión de que me doy de baja. Lo que sin duda ocurrirá es que el sistema me dé de baja a mí, pero ése ya es otro cantar.
Voy terminando. Este artículo y sólo este artículo. Yo tengo que guardar reposo por algunos días, pero muy pronto volveré a vestir mi uniforme azul y oro y a sembrar el pánico por todas las canchas de la República. Ahí me los encontraré. Mañana nos vemos. ¿Entendido?
¿Qué tal durmió? MDCCCLXXVII (1877)
¿Alguien ha visto a MONTIEL?
Cuando lo pierdo de vista, me viene como el soroche.
Cualquier correspondencia con esta columna llena de figuraciones, favor de dirigirla a dehesagerman@gmail.com
Salir a vivir
Germán Dehesa
27 Ago. 10
Pero ¡cuidado!, no se puede salir a vivir nomás así a lo buey. Será aconsejable salir con el pie derecho, el cuerpo erguido como el de Johnny Walker, tarareando, así por lo bajito, algún aire popular que puede ir desde "¡Caro nome!" hasta "De esta tierra de Cocula" (al gusto) y con el brazo derecho ocupado por una agraciada chica que se ha "emperrao" en tomar una leche malteada que es la novedad que tienen en la nevería "Los Volcanes" (¡y tenían que salir con su babosada de ponerle "Los Volcanes" a la negociación, cuando podrían haberles puesto "El Aconcagua y el Kilimanjaro", o "El busto es mío"!) o qué sé yo. El nombre no es importante y, si me apuran, ni siquiera es importante el par de guandajos que, cuestión de meses, se disponen a premiar a la Patria con varios guandajitos. Eso tampoco importa; bueno, tampoco importa ni resulta pertinente en este artículo, pero me daría la peste bubónica de saber que, aunque fuera de un modo sesgado, yo hubiera patrocinado una procreación. Eso sí no me lo digan nunca. Mejor miéntenme la madre.
El caso es que su Charro Negro nada más remolonea y nada de que entramos en materia. ¡Ah, ya me acordé!, todo este zangoloteo tiene que ver con el hecho de que yo quiero comunicar que es importante, muy importante: salir a vivir. Quedarse metido en las casas, además de ser un método infalible para crearle a las mucamas una incurable neurosis, produce en nosotros un extraño complejo de mueblecito artesanal que nos va inmovilizando y convirtiéndonos en sangroncitas piezas domésticas. ¡Chicos y chicas: hay que salir a vivir!
Cuando era pequeño y mis papás salían, el venerado Don Ángel siempre me respondía: vamos a ver la iluminación (¡¿a las doce del día?!) y mi mamá añadía: y a rezar para que llueva. Hubiera sido glorioso que me visitaran ahora y provocaran el hundimiento final de Tenochtitlan; pero resulta que ya murieron, o, como decía una muchacha que trabajó conmigo: ya se fueron a su jamás, pues eso. Dejemos en paz a mis papacitos, aunque tengo que hacer una última referencia a mi padre. Él fue quien me enseñó a salir, a demorarme por las calles, a estudiar cada aparador como si fuera un Renoir y a disfrutar los tacos de "Beatricita" y las tortas "Amalia" y la comida mexicana de "El Mirador". Dos vidas mías tendría yo que ocupar si hiciese la lista de todo lo que le debo a mi padre. Mi infancia me trae el recuerdo de un tío mío que, para ir a Cuernavaca, abordaba unos coches negros y largos llamados "turismos"; bueno, pues un domingo abordó un "turismo" que se acomodó un sanjuanazo cegador a la altura de la curva de "La Pera". Siempre que sucedía algo así le hablaban a mi papá, pero lo milagroso es que el flojonazo de mi padre ¡iba! y se hacía cargo de todo y luego me platicaba: "Pues se murió tu tío, 'El Guajolote', pero ya hasta lo enterramos allá en Cuernavaca. Le conseguí un lote precioso con vista al Salto de San Antón". Ya verán que esto de la muerte en mi familia no es que termine siendo, sino que es asunto de chacota.
Por lo pronto, queridos contertulios, como dicen los funcionarios: voy a pasar a retirarme, pero el lunes, esto volverá a ser casa abierta para quien quiera refrescar un poco el alma (además, la Rosachiva sabe preparar "pantomaca"). HOY TOCA.
¿Qué tal durmió? MDCCCLXXIX (1879)
MONTIEL.
dehesagerman@gmail.com
Aviso
Germán Dehesa
2 Sep. 10
Escritor, dramaturgo y articulista de Reforma desde el primer día en que se publicó, Germán Dehesa falleció sentado en su sillón favorito. El deceso ocurrió a las 18:35 horas del 2 de septiembre de 2010 y deja un enorme vacío.

Sí. Hoy es viernes. Hoy toca.
Adiós Germán Dehesa.
--Rafa Ibarra





































