octubre 01, 2011

¿Las etiquetas de vino pueden estar privándonos de llegarlos a probar?

En semanas pasadas, Benjamín Berjón publicó en su blog un artículo con la siguiente fotografía de un par de botellas de vino, cuyas etiquetas son muy peculiares.


Tanto cojón de gato como teta de vaca son nombres de dos variedades de uva, así como lo son tempranillo y cabernet sauvignon. Que son nombres "poco comunes" —por decirlo de alguna manera—, es cierto. Pero recordemos que hay alrededor de 40000 nombres diferentes para nombrar a las variedades existentes en el mundo —aunque sean como 5000 varietales, ya ven que la tempranillo tiene como 6 nombres diferentes—.

La pregunta que da título a este artículo es si las etiquetas de vino pueden estar privándolos de llegarlos a probar. O sea, que si meten autogol. Y la respuesta es: sí, en algunos casos.

Aunque no es la idea entrar a detalle en este artículo, sí hay que tener en cuentas que cuando se diseña una etiqueta —según he sabido—, se toman en cuenta varios factores como lo son el cromático (colores a usar), el tipográfico (tipo de letra), el iconográfico (las imágenes), el morfológico (la estructuración de las palabras) y, finalmente, el racional y el emocional. Diseñar buenas etiquetas no es fácil.

Bueno, regresando al tema, sabemos que hay etiquetas de diseño tradicional que todos hemos visto, que son sobrias, elegantes, y que son las preferidas de muchas personas, entre ellas los restauranteros. ¿Por qué? Pues porque son botellas que, como ellos dicen, visten la mesa. O sea, lucen bien en la mesa de los comensales.


Y gran parte de los restauranteros eligen para sus cartas de vinos aquellos que lucen bien. Que el comensal se sienta bien de tener ese vino en su mesa y que la demás gente la vea.

Pero, esa misma gente, ¿querrá tener durante su cena una botella con una etiqueta como ésta de la foto?


Yo creo que no. Este tipo de diseños están censurados en las cartas de vinos de algunos lugares. Lo he oído de boca de los mismos restauranteros. Por lo tanto, es en este caso que, efectivamente, sí podemos llegar a no probar vinos debido a su etiqueta, aunque el vino realmente valga la pena.

Pero no todo está perdido, pues no podemos negar que es novedosa, refrescante, o al menos simpática la etiqueta del Luchador Shiraz. La gente más jovial (en cuerpo y alma) es quien se inclina a este tipo de vinos, los cuales pueden encontrar en algunos lugares donde vendan vinos (especializados o hasta supermercados).

Además, también hay etiquetas de nuevo diseño que están muy padres, como la siguiente. En este enlace hay otros diseños más.



Ahora bien, ¿estará bueno o no el vino que contenga la botella? Pues, ¿cómo lo sabremos si no lo probamos? Pruébalo y fórmate tu propia opinión.

Hagamos caso del sabio adagio: No juzgues un libro sólo por su portada.

--Rafa Ibarra

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2 comentarios:

Qué buena nota! No debemos olvidarnos de: "Le vin de merde", el "Fat bastard", el "Bitch", el "Frog's Piss", y algunos otros más.

Saludos

Órale, Ariel. Me puse a googlear los nombres (sólo sabía del "Bitch") y ya los encontré todos.

En serio que son tiempos modernos éstos, ja ja ja.

Saludos.

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