Tengo una cápsula del tiempo. Es un viejo maletín que usé para llevar mi libros, libretas y útiles escolares hace ya muchos años. Ya no tiene manija, la piel de vinílope se está abriendo de las esquinas y amenaza con desfondarse. Pero los broches que sirven para mantenerlo cerrarlo aún funcionan, aunque ya no tengo la llave para clausurar el acceso principal. Mejor, porque así está siempre disponible cuando quiero visitar los recuerdos que ahí guardo, como viejas fotografías, algunos recortes de aficiones pasadas, pequeños juguetes, llaveros, etcétera. En mi cápsula guardo también unas fichas informativas con datos de razas de perros, que fueron publicadas a inicios de los años 80s, y que eran un extra de una colección de fichas del Club Safari, un álbum con datos de muchos animales que se publicaba cada semana, y se encontraba en puestos de periódicos y revistas.
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| Hasta conservo algunas de las bolsas en que venían las fichas |
A mí me gustaba coleccionarlas porque yo de niño quería ser veterinario. "Médico veterinario zootecnista", me decía mi tío Andrés, para que yo supiera el término completo que ostentan quienes estudiaron esa carrera que me atraía en mi niñez.
Recuerdo que mi papá escribió a la editorial para conseguirme los números atrasados de las entregas, pues ya había empezado a publicarse antes de que yo las descubriera. Y me las consiguió.
Ya no tengo las fichas de los otros animales, sólo algunas de las de los perros. Aunque ahora por Internet se pueden conseguir fotos y datos más completos y mejor presentados, me quedo con mis fichas porque me recuerdan que mi papá me dedicó parte de su tiempo para tener algo que a mí me agradaba, pues si alguien me enseño a apreciar y respetar la naturaleza fue él. Es por eso que las conservo, que son muy valiosas para mí.
Dios me dio un papá a todo dar.
Aquí les comparto las fichas, sacadas de mi cápsula del tiempo.
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| Esta me llegó sin la estampita. Es el misterioso Dogo de Burdeos. |
--Rafa Ibarra



































